Dorada estaba la marpor los soles de la tarde;
y esperó en la playa,
a ver como la luna
bordaba de plata las espumas.
Una voz de ola derramada,
otorgó a los vientos sus cabellos
y a sus ojos, los corales.
Y...Quiso saber del desconocido instante
y de la mágica aurora...
Pero, la brisa solo trajo a su pecho
ecos de soledades.